«Ven y mira», la Segunda Guerra Mundial en el cine tardosoviético

La Segunda Guerra Mundial fue un episodio muy traumático para el continente euroasiático. Millones de muertos, ciudades devastadas y una población rural que tuvo que sobrevivir malamente durante años tras un conflicto que dejó arrasados los campos. Un período de gran violencia seguido de otro también violento, si bien desde coordenadas distintas, como bien demostró Keith Lowe en su maravilloso estudio que reseñamos en este blog hace un tiempo. Episodios traumáticos pero que también supusieron un momento de reivindicación para muchas de las naciones que participaron en ella. Un ejemplo sería Francia, en la que la figura de Charles de Gaulle se identificó rápidamente -y quizá también exageradamente- con la liberación del país galo del yugo de los nazis. Pero sin duda, el país que más reivindicó, y con razón, su papel en la Segunda Guerra Mundial fue la Unión Soviética. No en vano llamaron a este conflicto la «Gran Guerra Patriótica». Si bien la URSS fue el país más castigado por la Segunda Guerra Mundial, sólo comparable a la propia Alemania o a Polonia, su victoria sobre el nazismo sirvió para la consolidación de su identidad y de su estrategia geopolítica a nivel mundial. Celebraciones, conmemoraciones y memoriales son testigos ubicuos de esto.

En el 40 aniversario de la victoria en la Gran Guerra Patriótica, el estado soviético quería financiar una película que conmemorase el evento. Las productoras Mosfilm y Belarusfilm contrataron al director Elem Klímov quien, junto a Alés Adamóvich, escribieron un guion que finalmente sería Idzi i hlyadzi; Ven y mira (también traducida como Masacre: ven y mira), película que fue estrenada recientemente en la plataforma Filmin. Estrenada en 1985, la película relata las andanzas de un pequeño campesino de Bielorrusia, Flyora Gaishun, que ante la ocupación nazi del país decide unirse a los partisanos comandamos por el mítico guerrillero Kosach. Tras pasar un tiempo de entrenamiento, Flyora desea entrar en combate, pero Kosach le impide marchar a una operación de ataque. En su vuelta al campamento, es atacado por las fuerzas alemanas, por lo que decide volver a su aldea natal, descubriendo que su familia ha sido asesinada y que el resto se ha refugiado en una isla en medio de un pantano. Un pequeño grupo, Flyora entre ellos, decide ir a buscar comida -acompañados de un monigote de Hitler hecho con una calavera humana real-. De nuevo, son atacados por las fuerzas nazis y Flyora se ve envuelto en la destrucción de una aldea. Una terrible masacre que incluyó la quema de todos los habitantes dentro de la iglesia del pueblo.

Ven y Mira está basada en hechos históricos reales. La ocupación nazi de Bielorrusia fue especialmente sangrienta, que incluyó la destrucción y quema de centenas de aldeas y el asesinato de miles de campesinos bielorrusos. De hecho, los eventos principales de la película están basados en la masacre de Khatyn -no confundir con la masacre de oficiales polacos de Katyn-, una aldea que fue reducida a cenizas el 22 de marzo de 1943 por el 118º batallón nazi, compuesto fundamentalmente por colaboradores ucranianos. de 156 habitantes, únicamente ocho sobrevivieron. El objetivo de la película era retratar de forma cruda, real y sin tintes épicos la crueldad de la guerra. En palabras del director:

El 40 aniversario de la Gran Victoria se acercaba y la administración quería algo típico. Yo había estado leyendo y releyendo el libro Soy de la aldea quemada, que consistía en los relatos de primera mano de las personas que milagrosamente sobrevivieron a los horrores del genocidio fascista en Bielorrusia. Muchos de ellos todavía estaban vivos entonces y los bielorrusos lograron grabar algunos de sus recuerdos en una placa. Nunca olvidaré la cara y los ojos de un campesino y su recuerdo silencioso sobre cómo todo su pueblo había sido hacinado en una iglesia y cómo justo antes de que fueran a ser quemados, un oficial del Sonderkommando les ofreció: «Quien no tenga hijos se puede ir». Y él no pudo soportarlo; se fue y dejó atrás a su esposa y niños pequeños… O sobre cómo otro pueblo fue quemado: los adultos fueron conducidos a un granero, pero los niños se quedaron atrás. Y más tarde, los hombres borrachos fueron rodeados por perros pastores y dejaron que los perros destrozasen a los niños en pedazos.

Luego pensé: el mundo no sabe nada de Khatyn. Sí que conocen Katyn, sobre la masacre de los oficiales polacos que tuvo lugar allí. Pero ellos no saben nada de Bielorrusia, a pesar de que más de 600 aldeas fueron quemadas aquí […].

Entendí que sería una película muy brutal y, probablemente, la gente no sería capaz de verla. Hablé de esto con el coautor del guion, el escritor Alés Adamóvich, pero él respondió: «Pues que no la vean. Esto es algo que debemos dejar como legado, como evidencia de la guerra y como un alegato en favor de la paz».

La película fue polémica incluso dentro de la Unión Soviética. De hecho, el Comité Estatal de Cinematografía soviética detuvo la producción por no estar de acuerdo con el guion. La película era demasiado naturalista y poco comprometida con el pasado soviético. Sin embargo, se logró superar la censura y la película pudo ver la luz tal y como Klímov quería que fuera, convirtiéndose en un referente cinematográfico mundial. 1985 no eran los años 40 o 50 y la sociedad soviética ya no tenía la misma relación de identidad con respecto a su pasado. La Gran Guerra Patriótica ya no era ese episodio épico, sino una cruel realidad en la que millones de personas se dejaron la vida combatiendo el nazismo y otro tanto fue parte de los daños colaterales de esa guerra. Ven y mira no deja de ser una mirada heroica, pero cruel, de aquellos eventos, vistos desde el punto de vista de un niño que, incluso físicamente, se ve transformado por el horror de la guerra. Una obra maestra del cine.